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Text 46

taruṇaṁ ramaṇīyāṅgam
aruṇoṣṭhekṣaṇādharam
praṇatāśrayaṇaṁ nṛmṇaṁ
śaraṇyaṁ karuṇārṇavam

taruṇam—joven; ramaṇīya—atractivo; aṅgam—todas las partes del cuerpo; aruṇa-oṣṭha—labios rosados como el sol naciente; īkṣaṇa-adharam—ojos de la misma naturaleza; praṇata—el que se ha entregado; āśrayaṇam—refugio del que se ha entregado; nṛmṇam—trascendentalmente agradable en todo aspecto; śaraṇyam—la persona digna de recibir nuestra entrega; karuṇā—misericordioso como; arṇavam—el océano.

Nārada Muni continuó: La forma del Señor es siempre joven. Todos los miembros y todas las partes de Su cuerpo tienen una forma perfecta, sin el menor defecto. Sus ojos y Sus labios son rosados como el sol naciente. Él siempre está dispuesto a brindar refugio al alma entregada; todo el que tiene la gran fortuna de mirarlo, siente plena satisfacción. El Señor siempre es digno de ser el amo de las almas entregadas, pues es el océano de misericordia.

SIGNIFICADO: Todo el mundo tiene que entregarse a alguien superior. Esa es la naturaleza de nuestra condición de seres vivientes. Ahora mismo estamos tratando de entregarnos a alguien, bien sea a nuestra sociedad, nuestra nación, nuestra familia, nuestro estado o nuestro gobierno. El proceso de entrega ya existe, pero nunca es perfecto, porque la persona o institución a quien nos entregamos es imperfecta, y en nuestra entrega hay muchos motivos ocultos que la hacen imperfecta. En esas condiciones, en el mundo material nadie es digno de recibir la entrega de nadie, y nadie se entrega por completo a nadie a menos que se le obligue a hacerlo. Pero la entrega de que se habla en este verso es voluntaria, y el Señor es digno de recibirla. La entidad viviente se entrega de manera natural cuando ve la hermosa naturaleza juvenil del Señor.

La descripción que Nārada Muni nos ofrece no es imaginaria. Para entender la forma del Señor, hay que seguir el sistema de paramparā. Los filósofos māyāvādīs dicen que tenemos que imaginar la forma del Señor, pero no es eso lo que Nārada Muni dice en este verso. No; su descripción de la forma del Señor procede de fuentes autoritativas. Él mismo es una autoridad; él puede ir a Vaikuṇṭhaloka y ver al Señor personalmente; por lo tanto, su descripción de los rasgos del cuerpo del Señor no es imaginaria. A veces damos indicaciones a nuestros discípulos acerca de los rasgos del cuerpo del Señor, para que pinten Su forma. Sus pinturas no son imaginarias. Se apoyan en descripciones que provienen de la sucesión discipular. En este caso, por ejemplo, la descripción proviene de Nārada Muni, que ve al Señor personalmente y describe Sus rasgos corporales. Por lo tanto, esas descripciones deben ser aceptadas, y cuando se reflejan en obras pictóricas, estas no deben ser tenidas por pintura imaginativa.

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