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Text 30

dehādibhir daiva-tantrair
ātmanaḥ sukham īhataḥ
duḥkhātyayaṁ cānīśasya
kriyā moghāḥ kṛtāḥ kṛtāḥ


deha-ādibhiḥ—con el cuerpo, la mente, el ego y la inteligencia; daiva-tantraiḥ—bajo el control de un poder superior; ātmanaḥ—del ser; sukham—felicidad; īhataḥ—yendo en pos de; duḥkha-atyayam—disminución de las condiciones de sufrimiento; ca—también; anīśasya—de la entidad viviente que está completamente sometida al control de la naturaleza material; kriyāḥ—planes y actividades; moghāḥ kṛtāḥ kṛtāḥ—se frustran una y otra vez.


La entidad viviente trata de obtener felicidad y de liberarse de las causas de aflicción; sin embargo, sus diversos cuerpos dependen por completo del control de la naturaleza material, y todos los planes que elabora en cuerpos sucesivos acaban por frustrarse.


SIGNIFICADO: El materialista ignora por completo la acción que, como resultado de sus actividades fruitivas, ejercen sobre él las leyes de la naturaleza material, y, en su ignorancia, cae en el error de hacer planes para disfrutar de placeres corporales en la forma humana de vida; sin embargo, la realidad es que, a pesar del supuesto crecimiento económico, de las actividades piadosas para la elevación a sistemas planetarios superiores, y de tantos otros medios a los que recurre, acaba siendo víctima de las reacciones de sus actividades fruitivas. La Suprema Personalidad de Dios, en Su forma de Superalma, está situado en lo más profundo del corazón de todas las entidades vivientes. En el Bhagavad-gītā (15.15), el Señor dice:

sarvasya cāhaṁ hṛdi sanniviṣṭo
mattaḥ smṛtir jñānam apohanaṁ ca


«Yo estoy situado en el corazón de todos, y de Mí vienen el recuerdo, el conocimiento y el olvido». Los deseos y actividades del ser vivo son observados por la Superalma, que es upadraṣṭā, el supervisor, y es quien ordena a la naturaleza material satisfacer los diversos deseos de la entidad viviente. Como se afirma claramente en elBhagavad-gītā (18.61):

īśvaraḥ sarva-bhūtānāṁ
hṛd-deśe ’rjuna tiṣṭhati
bhrāmayan sarva-bhūtāni
yantrārūḍhāni māyayā


El Señor está situado en el corazón de todos y, conforme a nuestros deseos, nos concede distintos tipos de cuerpos, que son como máquinas. Montada en esa máquina, la entidad viviente vaga por todo el universo, bajo el control de la naturaleza y las modalidades materiales. Por lo tanto, la entidad viviente no es libre en absoluto para actuar, sino que depende por completo del control de la naturaleza material, que, a su vez, depende por completo del control de la Suprema Personalidad de Dios.


En cuanto cae en la trampa de los deseos materiales de adueñarse de la naturaleza material, la entidad viviente queda sujeta al control de la naturaleza material, que obedece a la supervisión del Alma Suprema. Como resultado, encuentra el fracaso una y otra vez en todos los planes que elabora, pero es tan necia que no puede ver la causa de su fracaso. Esa causa se expone en el Bhagavad-gītā con gran claridad: Por no haberse entregado a la Suprema Personalidad de Dios, tiene que realizar actividades bajo el control de la naturaleza material, cuyas leyes son muy estrictas (daivī hy eṣā guṇamayī mama māyā duratyayā). La única manera de liberarse de ese enredo es entregarse al Señor Supremo. En la forma humana de vida, la entidad viviente tiene que aceptar la instrucción de Kṛṣṇa, la Persona Suprema: sarva-dharmān parityajya mām ekaṁ śaraṇaṁ vraja: «No hagas planes para lograr la felicidad y alejar el sufrimiento. Nunca lo lograrás. Sencillamente, entrégate a Mí». Por desgracia, la entidad viviente no acepta las instrucciones que el Señor Supremo presenta con gran claridad en el Bhagavad-gītā, y, de ese modo, queda eternamente cautiva de las leyes de la naturaleza material.


Yajñārthāt karmaṇo 'nyatra loko 'yaṁ karma-bandhanaḥ: Si no actuamos para satisfacer a Kṛṣṇa, a quien se conoce con los nombres de Viṣṇu y Yajña, nos enredaremos en las reacciones de las actividades fruitivas. Esas reacciones pueden ser pāpa o puṇya, pecaminosas o piadosas. Gracias a las actividades piadosas, nos elevamos a los sistemas planetarios superiores; con las actividades impías, nos degradamos hasta las especies inferiores y somos castigados por las leyes de la naturaleza. En las especies inferiores se pone en marcha el proceso evolutivo, y la entidad viviente, tras cumplir su período de prisión o de castigo en esas especies, recibe de nuevo una forma humana, con la oportunidad de decidir por sí misma sus planes para el futuro. Si vuelve a perder la oportunidad, cae de nuevo en el ciclo de nacimientos y muertes, donde a veces se eleva y a veces se degrada, girando en el saṁsāra-cakra, la rueda de la existencia material. Como en una rueda, que a veces sube y a veces baja, las estrictas leyes de la naturaleza material llevan a la entidad viviente a sentirse unas veces feliz y otras desdichada en la existencia material. El siguiente verso explica su sufrimiento en el ciclo de la felicidad y la aflicción.

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