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Text 41

bhūtāni tais tair nija-yoni-karmabhir
bhavanti kāle na bhavanti sarvaśaḥ
na tatra hātmā prakṛtāv api sthitas
tasyā guṇair anyatamo hi badhyate


bhūtāni—todos los cuerpos de las entidades vivientes; taiḥ taiḥ—sus respectivos; nija-yoni—causando sus propios cuerpos;karmabhiḥ—por actividades pasadas; bhavanti—aparecen; kāle—a su debido tiempo; na bhavanti—desaparecen; sarvaśaḥ—en todo aspecto; na—no; tatra—ahí; ha—en verdad; ātmā—el alma; prakṛtau—dentro del mundo material; api—aunque; sthitaḥ—situada; tasyāḥ—de ella (la energía material); guṇaiḥ—por diversas modalidades; anya-tamaḥ—muy diferentes; hi—en verdad; badhyate—es atada.


Toda alma condicionada recibe un tipo distinto de cuerpo conforme a sus acciones; el final de esas ocupaciones es el final del cuerpo. El alma espiritual, a pesar de encontrarse en cuerpos materiales densos y sutiles en diversas formas de vida, no queda atada por ellos, ya que se entiende que es completamente distinta del cuerpo manifestado.


SIGNIFICADO: Aquí se explica con toda claridad que Dios no es responsable de los diversos cuerpos que la entidad viviente recibe. El cuerpo adquirido depende de las leyes de la naturaleza y de nuestro propio karma. Por lo tanto, los Vedas ordenan que las personas ocupadas en actividades materiales deben recibir instrucciones mediante las cuales puedan aplicar inteligentemente sus actividades al servicio del Señor, a fin de liberarse del cautiverio material en el ciclo de nacimientos y muertes (sva-karmaṇā tam abhyarcya siddhiṁ vindati mānavaḥ). El Señor siempre está dispuesto a dar esas instrucciones. El Bhagavad-gītā recoge con todo detalle Sus instrucciones. Si sabemos sacar provecho de ellas, entonces, a pesar de estar condicionados bajo las leyes de la naturaleza material, podremos liberarnos y alcanzar nuestra posición constitucional original (mām eva ye prapadyante māyām etāṁ taranti te). Debemos tener una fe firme en que el Señor es supremo, y en que si nos entregamos a Él, Él se hará cargo de nosotros y nos indicará la manera de liberarnos de la vida material y de regresar al hogar, de vuelta a Dios. Sin esa entrega, nos veremos obligados a recibir un determinado cuerpo conforme al karma, a veces en una forma animal, a veces con forma de semidiós, y así sucesivamente. El alma espiritual, con el paso del tiempo, acaba perdiendo el cuerpo que se le ha dado, pero ella, en realidad, no establece una conexión con el cuerpo, sino que está bajo el yugo de las modalidades de la naturaleza con las que ha creado un contacto pecaminoso. La educación espiritual cambia nuestra conciencia, y entonces cumplimos las órdenes del Señor Supremo y nos liberamos de la influencia de las modalidades de la naturaleza material.

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