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Text 47

yāval liṅgānvito hy ātmā
tāvat karma-nibandhanam
tato viparyayaḥ kleśo
māyā-yogo ’nuvartate


yāvat—mientras; liṅga-anvitaḥ—cubierta por el cuerpo sutil; hi—en verdad; ātmā—el alma; tāvat—mientras; karma—de actividades fruitivas; nibandhanam—cautiverio; tataḥ—de esos; viparyayaḥ—a la inversa (identificar erróneamente el cuerpo con el ser); kleśaḥ—miserias; māyā-yogaḥ—una fuerte relación con la energía ilusoria, o energía externa; anuvartate—sigue.


El alma espiritual, mientras está cubierta por el cuerpo sutil, compuesto por la mente, la inteligencia y el ego, se ve atada a los resultados de sus actividades fruitivas. Debido a esa cubierta, el alma espiritual permanece en contacto con la energía material, y debe sufrir la continuación, vida tras vida, de los condicionamientos y reveses materiales.


SIGNIFICADO: La entidad viviente está atada por el cuerpo sutil, compuesto por la mente, la inteligencia y el ego falso. Debido a ello, en el momento de la muerte, la disposición de la mente se convierte en causa del siguiente cuerpo, como se confirma en elBhagavad-gītā (8.6): yaṁ yaṁ vāpi smaran bhāvaṁ tyajaty ante kalevaram: En el momento de la muerte, la mente establece los criterios para que el alma espiritual sea llevada a otro tipo de cuerpo. Cuando la entidad viviente resiste los dictados de la mente y la ocupa en el servicio amoroso del Señor, la mente pierde el poder de degradarle. Todos los seres humanos tienen, por lo tanto, el deber de mantener la mente siempre absorta en los pies de loto del Señor (sa vai manaḥ kṛṣṇa-padāravindayoḥ). Cuando la mente se absorbe en los pies de loto de Kṛṣṇa, la inteligencia se purifica, y a partir de entonces esta recibe inspiración de la Superalma (dadāmi buddhi-yogaṁ tam). De ese modo, la entidad viviente progresa hacia la liberación del cautiverio material. El alma individual está sujeta a las leyes de la actividad fruitiva, pero la Superalma, Paramātmā, no se ve afectada por las actividades fruitivas del alma individual. Como se confirma en el Upaniṣad védico, en el cuerpo viven Paramātmā y la jīvātmā, que se comparan a dos pájaros. La jīvātmā disfruta o sufre comiendo los frutos de las actividades del cuerpo, pero Paramātmā, que está libre de ese cautiverio, es el testigo que sanciona las actividades del alma individual según los deseos que esta tenga.

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