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Text 12

tasmād ahaṁ vigata-viklava īśvarasya
sarvātmanā mahi gṛṇāmi yathā manīṣam
nīco ’jayā guṇa-visargam anupraviṣṭaḥ
pūyeta yena hi pumān anuvarṇitena


tasmāt—por lo tanto; aham—yo; vigata-viklavaḥ—habiendo abandonado la idea de no estar capacitado;īśvarasya—de la Suprema Personalidad de Dios; sarva-ātmanā—con plena entrega; mahi—gloria; gṛṇāmi—yo cantaré o describiré; yathā manīṣam—conforme a mi inteligencia; nīcaḥ—aunque de bajo nacimiento (al ser mi padre un gran demonio, carente por completo de buenas cualidades); ajayā—debido a la ignorancia;guṇa-visargam—el mundo material (en donde la entidad viviente nace conforme a la contaminación de las modalidades de la naturaleza); anupraviṣṭaḥ—habiendo entrado en; pūyeta—pueda ser purificada; yena—por las cuales (por las glorias del Señor); hi—en verdad; pumān—una persona; anuvarṇitena—al ser cantadas o recitadas.


Por esa razón, yo, a pesar de haber nacido en una familia demoníaca, puedo sin duda poner todo mi empeño en ofrecer oraciones al Señor, en la medida en que mi inteligencia me lo permita. Todo aquel a quien la ignorancia haya forzado a entrar en el mundo material puede purificarse de la vida material si ofrece oraciones al Señor y escucha cantar Sus glorias.


SIGNIFICADO: Queda perfectamente claro que una persona, para ser devoto, no necesita haber nacido en una familia muy elevada, ni ser rico, aristocrático o muy hermoso. Ninguna de esas cualidades hará que se ocupe en servicio devocional. Debemos cultivar el sentimiento devocional: «Dios es grande y yo soy muy pequeño. Por lo tanto, mi deber es ofrecer oraciones al Señor». Solo partiendo de esa base podremos comprender al Señor y ofrecerle servicio. En el Bhagavad-gītā (18.55), el Señor dice:

bhaktyā mām abhijānāti
yāvān yaś cāsmi tattvataḥ
tato māṁ tattvato jñātvā
viśate tad-anantaram


«Únicamente se Me puede comprender tal y como soy, como la Suprema Personalidad de Dios, por medio del servicio devocional. Y cuando, mediante esa devoción, se tiene plena conciencia de Mí, se puede entrar en el Reino de Dios». Así pues, Prahlāda Mahārāja decidió ofrecer sus mejores oraciones al Señor, sin pararse en consideraciones acerca de su posición material.

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