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Capítulo 3

El nacimiento del Señor Kṛṣṇa


Tal como se afirma en el Bhagavad-gītā, el Señor dice que Su aparición, nacimiento y actividades son todos trascendentales, y que quien los comprende realmente, de inmediato se vuelve merecedor de ser transferido al mundo espiritual. La aparición o nacimiento del Señor no es como el nacimiento de un hombre ordinario, que se ve forzado a aceptar un cuerpo material acorde con sus acciones pasadas. La aparición del Señor se explica en el capítulo segundo: el Señor aparece conforme lo desee. Cuando llegó el momento de la aparición del Señor, las constelaciones se volvieron muy auspiciosas. Además de la situación apropiada de las estrellas, también era resaltante la influencia astrológica de la estrella conocida como Rohiṇī, porque a esta estrella se le considera muy propicia. Rohiṇī se encuentra bajo la supervisión directa de Brahmā. De acuerdo con la conclusión astrológica, hay momentos propicios y momentos desfavorables, debido a las distintas situaciones de los diferentes sistemas planetarios. Cuando Kṛṣṇa nació, los sistemas planetarios se ajustaron automáticamente, de manera que todo fuera auspicioso.


En aquel tiempo había una atmósfera de paz y prosperidad en todas partes y en todas las direcciones: Este, Oeste, Sur y Norte. Había estrellas propicias visibles en el cielo; y en la Tierra, en todos los pueblos y aldeas y en los pastizales, y dentro de las mentes de todos los hombres, había signos de buena fortuna. Los ríos fluían rebosantes y los lagos estaban bellamente decorados con flores de loto. Los bosques abundaban en aves preciosas y pavos reales. Todos los pájaros de los bosques comenzaron a cantar dulcemente, y los pavos reales comenzaron a bailar en compañía de sus consortes. El viento soplaba muy agradablemente, llevando el aroma de diferentes flores, y la sensación del tacto era muy placentera. Los brāḥmanas, acostumbrados a ofrecer sacrificios en el fuego, descubrieron que sus hogares eran lugares muy placenteros para realizar las ofrendas. Debido a los disturbios creados por los reyes demoníacos, el altar del fuego para los sacrificios había sido casi suprimido en las casas de los brāḥmanas, pero ahora ellos podían encontrar la oportunidad de volver a encender el fuego pacíficamente. Como estaba prohibido ofrecer sacrificios, los brāḥmanas se encontraban muy afligidos en sus actividades, mente e inteligencia, pero justo en el momento de la aparición de Kṛṣṇa, automáticamente sus mentes de inundaron de alegría porque en el cielo se oían fuertes vibraciones de sonidos trascendentales que anunciaban la aparición de la Suprema Personalidad de Dios.


Los habitantes de los planetas Gandharva y Kinnara comenzaron a cantar, y los habitantes de Siddhaloka y de los planetas de los Cāraṇas ofrecieron oraciones para servicio de la Personalidad de Dios. En los planetas celestiales, los ángeles y sus esposas, acompañados por los Vidyādharas, se pusieron a bailar.


Complacidos, los grandes sabios y los semidioses enviaron lluvias de flores. En las playas se oía el suave ir y venir de las olas, y sobre el mar, en el cielo, había nubes que comenzaron a tronar muy placenteramente.


Cuando todo estuvo así dispuesto, el Señor Viṣṇu, quien reside en el corazón de toda entidad viviente, apareció en la oscuridad de la noche como la Suprema Personalidad de Dios ante Devakī, quien parecía también como una de las semidiosas. La aparición del Señor Viṣṇu en ese entonces puede equipararse a la Luna llena cuando surge en el horizonte oriental. Pudiera presentarse la objeción de que como el Señor Kṛṣṇa apareció en el octavo día de la Luna menguante, no podía haber Luna llena ese día. En respuesta a esto podemos decir que el Señor Kṛṣṇa apareció en la dinastía que está en la jerarquía de la Luna; en consecuencia, aunque esa Luna llena estaba incompleta, como el Señor apareció en la dinastía en que la Luna misma es la persona original, la Luna se encontraba en una condición desbordante de júbilo, y así, por la gracia de Kṛṣṇa, pudo aparecer tal como una Luna llena.


En un tratado de astronomía llamado Khamānikya, se describe con mucha exactitud la posición de las constelaciones en el momento de la aparición del Señor Kṛṣṇa. Está confirmado que el niño que nació en aquel auspicioso momento era el Brahman Supremo, o la Verdad Absoluta.


Vasudeva vio a aquella maravillosa criatura, nacida como un niño de cuatro brazos, sosteniendo la caracola, la maza, el disco y la flor de loto. Estaba adornado con la marca Śrīvatsa, luciendo el collar enjoyado con una piedra kaustubha. Vestía de seda amarilla, y se veía deslumbrante como una nube negruzca de intenso brillo; llevaba un yelmo adornado con la piedra vaidūrya, y valiosos brazaletes, pendientes y otros ornamentos similares en todo Su cuerpo, y tenía una abundante cabellera. Vasudeva quedó maravillado ante las extraordinarias características del niño. ¿Cómo podía un niño recién nacido estar adornado de este modo? Él pudo así comprender que ahora el Señor Kṛṣṇa había aparecido, y quedó sobrecogido por el suceso. Vasudeva se preguntaba muy humildemente que, aunque él era una entidad viviente ordinaria, condicionada por la naturaleza material, y se encontraba exteriormente encarcelado por Kaṁsa, por qué la omnipresente Personalidad de Dios, Viṣṇu o Kṛṣṇa, aparecía como un niño en su casa, exactamente en Su posición original. Ningún niño terrenal nace con cuatro brazos, adornado con ornamentos y bellos atavíos, plenamente equipado con todos los signos de la Suprema Personalidad de Dios. Una y otra vez, Vasudeva miró a su hijo y pensó en la manera de celebrar ese momento propicio: «Generalmente, cuando nace un hijo varón —pensó él— la gente celebra la ocasión jubilosamente; y ahora, aunque estoy encarcelado, la Suprema Personalidad de Dios ha nacido en mi hogar. ¡Cuántos millones de millones de veces más debo estar dispuesto a observar esta propicia ceremonia!».


Cuando Vasudeva —quien también recibe el nombre de Ānakadundubhi— miraba a su bebé recién nacido, se sentía tan feliz, que deseaba dar muchos miles de vacas como caridad a los brāḥmanas. Según el sistema védico, siempre que en el palacio de un rey kṣatriya hay una ceremonia propicia, el rey da muchas cosas a manera de caridad. A los brāḥmanas y sabios se les da vacas decoradas con ornamentos de oro. Vasudeva deseaba llevar a cabo una ceremonia de caridad para celebrar la aparición de Kṛṣṇa, pero como se encontraba encadenado dentro de las murallas de la prisión de Kaṁsa, esto no le era posible. En vez de eso, en su mente, Vasudeva hizo entrega de miles de vacas a los brāḥmanas.


Al Vasudeva convencerse de que el recién nacido era la Suprema Personalidad de Dios Mismo, se postró en el suelo con las manos juntas y comenzó a ofrecerle sus oraciones. En ese momento, Vasudeva se encontraba en la posición trascendental, y por ello quedó completamente libre de todo el temor que le tenía a Kaṁsa. Además, con Su refulgencia, el recién nacido inundaba de luz el cuarto donde apareció.


Vasudeva ofreció entonces sus oraciones: «Mi querido Señor, puedo comprender quién eres. Tú eres la Suprema Personalidad de Dios, la Superalma de todas las entidades vivientes, y la Verdad Absoluta. Tú has aparecido en Tu propia forma eterna, que nosotros percibimos directamente. Entiendo que, como yo le temo a Kaṁsa, Tú has aparecido tan solo para liberarme de ese temor. Tú no perteneces a este mundo material; Tú eres la misma persona que causa la manifestación cósmica tan solo lanzándole una mirada a la naturaleza material».


Es posible que alguien arguya que la Suprema Personalidad de Dios, quien crea toda la manifestación cósmica con tan solo Su mirada, no puede entrar en el vientre de Devakī, la esposa de Vasudeva. Para erradicar este argumento, Vasudeva dijo: «Querido Señor mío, no es tan maravilloso que Tú aparezcas en el vientre de Devakī, porque la creación también fue hecha de esa manera. Tú yacías en el océano Causal como Mahā-Viṣṇu, y tu respiración trajo a la existencia innumerables universos. Después, Tú penetraste en cada uno de estos universos como Garbhodakaśāyī Viṣṇu. Luego, Te expandiste como Kṣīrodakaśāyī Viṣṇu y entraste en el corazón de todas las entidades vivientes, e incluso en los átomos. Así pues, Tu entrada en el vientre de Devakī puede entenderse de la misma manera. Aunque das la impresión de haber entrado en él, Tú eres simultáneamente omnipresente. Mediante ejemplos materiales podemos comprender cómo entras y cómo no entras. El total de la energía material permanece intacto aun después de haber sido dividido en dieciséis elementos. El cuerpo material no es sino la combinación de los cinco elementos burdos: tierra, agua, fuego, aire y éter. Siempre que aparece un cuerpo material, tenemos la impresión de que esos elementos han sido creados recientemente, pero en verdad los elementos siempre existen fuera del cuerpo. Así, aunque Tú apareces como un niño en el vientre de Devakī, también existes fuera de ella. Tú estás siempre en Tu morada, pero aún así puedes expandirte en millones de formas.


»Uno tiene que comprender Tu aparición con gran inteligencia, porque la energía material también emana de Ti. Tú eres la fuente original de la energía material, al igual que el Sol es la fuente de la luz solar. La luz del Sol no puede cubrir el globo solar, como tampoco puede la energía material cubrirte a Ti, siendo una emanación tuya. Tú pareces estar bajo la influencia de las tres modalidades de la energía material, pero estas en realidad no pueden cubrirte. Esto lo comprenden los filósofos sumamente intelectuales. En otras palabras, aunque Tú pareces estar dentro del ámbito de la energía material, la energía material jamás Te cubre».


Oímos en la versión védica que el Brahman Supremo exhibe Su refulgencia, y que por ello todas las cosas se iluminan. La Brahma-saṁhitā nos lleva a la comprensión de que el brahmajyoti, o la refulgencia del Brahman, emana del cuerpo del Señor Supremo. Y a partir de la refulgencia del Brahman ocurre toda la creación. Además en el Bhagavad-gītā se afirma que el Señor es también el sostén de la refulgencia del Brahman. Originalmente, Él es la causa fundamental de todas las cosas. Pero las personas poco inteligentes piensan que cuando la Suprema Personalidad de Dios viene a este mundo material, adopta las cualidades materiales. Esa clase de conclusiones no son muy maduras, pues las hace la gente poco inteligente.


La Suprema Personalidad de Dios existe directa e indirectamente en todo lugar; Él está fuera de esta creación material, y también está dentro de ella. Él no está dentro de esta creación material únicamente como Garbhodakaśāyī Viṣṇu; también se encuentra dentro del átomo. La existencia se debe a Su presencia. Nada puede separarse de Su existencia. En el mandamiento védico encontramos que hemos de buscar al Alma Suprema o causa fundamental de todas las cosas, porque nada existe independientemente del Alma Suprema. En consecuencia, la manifestación material es también una transformación de Su potencia. Tanto la materia inerte como la fuerza vital, o el alma, son emanaciones de Él. Solo los necios concluyen que cuando el Señor Supremo aparece, adopta las condiciones de la materia. Aun cuando Él parece haber aceptado un cuerpo material, Él no está sujeto a condición material alguna. Así pues, Kṛṣṇa ha aparecido y ha derrotado todas las conclusiones imperfectas acerca de la aparición y desaparición de la Suprema Personalidad de Dios.


«Señor Mío, Tu aparición, existencia y desaparición están más allá de la influencia de las cualidades materiales. Puesto que Vuestra Señoría es el controlador de todas las cosas y el lugar de reposo del Brahman Supremo, no hay en Ti nada inconcebible o contradictorio. Como Tú lo has dicho, la naturaleza material actúa bajo Tu supervisión, al igual que los oficiales del gobierno trabajan bajo las órdenes del presidente de la nación. La influencia de las actividades subordinadas no puede afectarte. Como Vuestra Señoría es el Brahman Supremo, todo existe dentro de Ti, y como todas las actividades de la naturaleza material están controladas por Ti, Tú no eres afectado por las cualidades materiales.


»Tú recibes el nombre de śukla, o “blancura”, porque esta es la representación simbólica de la Verdad Absoluta, ya que las cualidades materiales no la afectan. Al Señor Brahmā se le llama rakta, o rojo, porque él representa la cualidad de la pasión para la creación. Al Señor Śiva se le encarga de la oscuridad, porque él aniquila el cosmos. Tus potencias manejan la creación, manutención y aniquilación de esta manifestación cósmica. No obstante, esas cualidades jamás Te afectan. Tal como se confirma en los Vedas: harir hi nirgunaḥ sākśāt, la Suprema Personalidad de Dios está siempre libre de todas las cualidades materiales. También se dice que las cualidades de la pasión y la ignorancia no existen en la persona del Señor Supremo. Aunque Tú eres la fuerza viviente de la conservación, aún así no eres afectado por las cualidades de la naturaleza material.


»Mi Señor, Tú eres el controlador supremo, la Personalidad de Dios, el más grande de todos. Pero, a pesar de que eres el controlador supremo, has tenido la bondad de aparecer en mi hogar para mantener el orden de esta manifestación cósmica. El propósito de Tu aparición es el de matar a los seguidores de los gobernantes demoníacos del mundo, que se hacen pasar por príncipes reales, pero que en realidad son demonios. Estoy seguro de que Tú los matarás a todos ellos, así como a sus seguidores y soldados.


»Yo comprendo que Tú has aparecido para matar al incivilizado Kaṁsa y a sus seguidores. Mas como él sabe que habrías de aparecer con el fin de matarlo a él y a sus seguidores, ya ha matado a muchos de Tus hermanos mayores, predecesores Tuyos. Ahora, Kaṁsa espera la noticia de Tu nacimiento. Y tan pronto como se entere de que ya has nacido, vendrá de inmediato con toda clase de armas para matarte».


Después de que Vasudeva oró así, Devakī, la madre de Kṛṣṇa, ofreció sus oraciones. Ella tenía mucho miedo, debido a las atrocidades de su hermano. Devakī dijo: «Mi querido Señor, Tus formas eternas, tales como Nārāyaṇa, el Señor Rāma, Hayaśīra, Varāha, Nṛsiṁha, Vāmana, Baladeva, y millones de encarnaciones similares que emanan de Viṣṇu, se describen en la literatura védica como originales. Tú eres original, porque todas Tus formas y encarnaciones están fuera de esta creación material. Tu forma existía antes de que esta manifestación cósmica fuera creada. Tus formas son eternas y omnipresentes, autorrefulgentes, inalterables y libres de toda la contaminación de las cualidades materiales. Estas formas eternas poseen plena conciencia sempiterna y bienaventuranza plena; están situadas en el estado de bondad trascendental, y se dedican siempre a la ejecución de diferentes pasatiempos. Tú no estás limitado tan solo a una forma en particular, todas Tus formas eternas y trascendentales son autosuficientes. Yo puedo comprender que Tú eres Viṣṇu, el Señor Supremo.


»Después de muchos millones de años, cuando el Señor Brahmā llega al término de su vida, tiene lugar la aniquilación de la manifestación cósmica. Los cinco elementos —la tierra, el agua, el fuego, el aire y el éter— entran entonces en el mahat-tattva. A su vez, el mahat-tattva, por la fuerza del tiempo, entra de nuevo en el total de la energía material no manifestada; el total de la energía material entra en el pradhāna energético, y el pradhāna entra en Ti. Así, después de la aniquilación de toda la manifestación cósmica, solo Tú permaneces con Tu nombre, forma, calidad y enseres trascendentales.


»Mi señor, Te ofrezco mis reverencias respetuosas, porque Tú eres el director del total de la energía no manifestada y la fuente última de la naturaleza material. Mi Señor, toda la manifestación cósmica se encuentra bajo la influencia del tiempo, desde la duración de un momento hasta la de un año. Todo actúa bajo Tu dirección. Tú eres el director original de todas las cosas y la fuente de todas las energías potentes.


Devakī continuó: »Todas las almas condicionadas están huyendo continuamente de un cuerpo a otro o de un planeta a otro, y, aun así, no se libran de la embestida del nacimiento y la muerte. Pero cuando esa temerosa entidad viviente se pone bajo el refugio de Tus pies de loto, puede descansar sin ninguna angustia de ser atacada por la formidable muerte». Esta declaración de Devakī la confirma el propio Señor en el Bhagavad-gītā: incluso si se viaja por todo el universo, desde Brahmaloka hasta Pātālaloka, uno no puede escaparse del ataque del nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades. Pero todo aquel que entre en el reino de Dios, nunca es obligado a regresar a este mundo material.


«Así pues, Señor Mío, Te suplico que me salves de las crueles manos de Kaṁsa, el hijo de Ugrasena. Vuestra Señoría, Te imploro que me rescates de esta temerosa condición, porque Tú siempre estás dispuesto a proteger a Tus servidores». En el Bhagavad-gītā, el Señor confirma esta afirmación, cuando le asegura a Arjuna lo siguiente: «Puedes declararle al mundo que Mi devoto jamás ha de ser vencido».


Al implorar así la protección del Señor, madre Devakī expresaba su afecto maternal: «Yo comprendo que esta forma trascendental generalmente la perciben los grandes sabios mediante la meditación; mas, aun así, temo que tan pronto como Kaṁsa se entere de que Tú has aparecido, pueda hacerte daño. Así pues, Te suplico que por el momento Te vuelvas invisible a nuestros ojos materiales». En otras palabras, ella le pidió al Señor que asumiera la forma de un niño ordinario. «Mi única razón para temerle a mi hermano Kaṁsa se debe a Tu aparición. Mi Señor Madhusūdana, es posible que Kaṁsa no se haya enterado de que Tú ya naciste. Por ello, Vuestra Señoría, Te suplico que ocultes Tu forma de cuatro brazos, que lleva los cuatro símbolos de Viṣṇu —la caracola, el disco, la maza y la flor de loto—. Mi querido Señor, al final de la aniquilación de la manifestación cósmica, Tú pones todo el universo dentro de Tu abdomen. No obstante, en virtud de Tu inmaculada misericordia, has aparecido en mi vientre. Me sorprende que imites las actividades de los seres humanos ordinarios, tan solo para complacer a Tu devoto».


Al oír las oraciones de Devakī, el Señor respondió: «Mi querida madre, en el milenio de Svāyambhuva Manu, Mi padre, Vasudeva, vivía como uno de los prajāpatis. Su nombre en ese entonces era Sutapā, y tú eras Pṛśni, su esposa. En aquel entonces, cuando el Señor Brahmā deseaba aumentar la población, te pidió que procrearas. Tú controlaste tus sentidos y llevaste a cabo severas austeridades. Mediante la práctica del ejercicio respiratorio del sistema de yoga, tanto tú como tu esposo pudieron tolerar todas las influencias de las leyes materiales, tales como la estación lluviosa, las embestidas del viento y el abrasador calor del Sol. Además, tú ejecutaste todos los principios religiosos. Fue así como pudiste limpiar tu corazón y controlar la influencia de la ley material. Al llevar a cabo tus austeridades, solías comer únicamente las hojas de los árboles que caían al suelo. Con la mente fija y controlando tus impulsos sexuales tú Me adoraste, pues deseabas que Yo te diera alguna maravillosa bendición. Tu esposo y tú practicaron severas austeridades durante doce mil años, según los cálculos de los semidioses. Durante ese tiempo, tu mente siempre estuvo absorta en Mí. Y cuando ejecutabas servicio devocional y pensabas siempre en Mí dentro de tu corazón, Yo estaba muy complacido contigo. Por ello, ¡oh, inmaculada madre!, tu corazón siempre está puro. En aquella ocasión también aparecí ante ti en esta forma, precisamente para satisfacer tu deseo, y te dije que Me pidieras cualquier cosa que desearas. En ese entonces dijiste que deseabas que Yo naciera como tu hijo. Aunque tú podías verme personalmente, en lugar de pedirme tu completa liberación del cautiverio material y bajo la influencia de Mi energía, Me pediste que Yo fuera Tu hijo».


En otras palabras, el Señor eligió específicamente a Su madre y a Su padre —Pṛśni y Sutapā—, con el fin de aparecer en el mundo material. Siempre que el Señor viene como un ser humano, alguien tiene que ser Su padre y alguien Su madre. Así pues, Él eligió perpetuamente a Pṛśni y Sutapā como Sus padres, Debido a esto, ni Pṛśni ni Sutapā podían pedirle al Señor la liberación. La liberación no es tan importante como prestarle al Señor amoroso servicio trascendental. El Señor pudo haberles otorgado la liberación inmediatamente a Pṛśni y a Sutapā, pero prefirió mantenerlos en el mundo material para que lo asistieran en Sus diferentes apariciones, tal como se explicará en los versos siguientes. Una vez que recibieron la bendición del Señor de convertirse en Sus padres, Pṛśni y Sutapā abandonaron las actividades austeras, y vivieron como marido y mujer para engendrar un niño: el Señor Supremo Mismo.


A su debido tiempo, Pṛśni quedó embarazada y dio a luz al niño. El Señor les habló así a Devakī y Vasudeva: «En aquel entonces, Mi nombre era Pṛśnigarbha. En el milenio siguiente, ustedes nacieron como Aditi y Kaśyapa, y Yo fui hijo de ustedes con el nombre de Upendra. Mi forma en esa ocasión era la de un enano y por ello fui conocido como Vāmanadeva. Yo los bendije diciéndoles que nacería tres veces como hijo suyo. La primera vez fui conocido como Pṛśnigarbha, el hijo de Pṛśni y Sutapā; el segundo nacimiento fue como Upendra, el hijo de Aditi y Kaśyapa, y ahora, por tercera vez, como Kṛṣṇa, he nacido como el hijo de Devakī y Vasudeva. He aparecido en esta forma de Viṣṇu precisamente para convencerlos de que Yo soy la misma Suprema Personalidad de Dios, que vuelve a nacer. Yo hubiera podido aparecer como un niño ordinario, pero si así lo hubiese hecho, tú, Devakī, jamás hubieses creído que Yo, la Suprema Personalidad de Dios, había nacido de tu vientre. Queridos padres, ustedes Me han criado muchas veces como hijo suyo con gran afecto y amor, lo cual Me complace enormemente, y Me siento obligado con ustedes. Debido a que han perfeccionado su misión, Yo les aseguro que esta vez podrán ir de regreso a casa, de regreso a Dios. Sé que ahora están muy preocupados por Mí y temerosos de Kaṁsa; por ello, les ordeno que Me lleven inmediatamente a Gokula y Me cambien por la hija que acaba de nacerle a Yaśodā».


Después de que dijo esto en presencia de Sus padres, el Señor se convirtió en un niño ordinario y permaneció en silencio.


Habiendo recibido las órdenes de la Suprema Personalidad de Dios, Vasudeva trató de sacar a su hijo del cuarto en que Este había nacido, y justo en ese momento, nació una niña en casa de Nanda y Yaśodā. Esa niña era Yogamāyā, la potencia interna del Señor. Bajo la influencia de esta potencia interna, Yogamāyā, todos los residentes del palacio de Kaṁsa, especialmente los porteros, fueron dominados por un profundo sueño, y todas las altas y enormes puertas del palacio se abrieron, a pesar de que tenían gruesos barrotes y de que se aseguraban con pesadas cadenas. La noche era muy oscura, pero tan pronto como Vasudeva tomó a Kṛṣṇa en sus brazos y salió, pudo ver todo tan claro como bajo la luz del Sol.


En el Śrī Caitanya-caritāmṛta se dice que Kṛṣṇa es exactamente igual a la luz del Sol, y que la energía ilusoria —la cual se asemeja a la oscuridad— no puede permanecer donde está Kṛṣṇa. La oscuridad de la noche desapareció cuando Vasudeva llevaba a Kṛṣṇa. Todas las puertas de la prisión se abrieron automáticamente. En ese preciso momento, había truenos en el cielo y una fuerte tormenta. Mientras Vasudeva llevaba a su hijo, Kṛṣṇa, bajo la lluvia, el Señor Śeṣa, en la forma de una serpiente, extendió Su cabeza sobre la cabeza de Vasudeva, de manera que la lluvia no lo obstaculizara. Vasudeva llegó a la orilla del río Yamunā y vio que este rugía por las fuertes olas, y que todo el trayecto estaba cubierto de espuma. No obstante la furia del río, el mismo se abrió para dar paso a Vasudeva, tal como el gran océano Índico le dio paso al Señor Rāma cuando Este tendía un puente para cruzar el golfo. Fue así como Vasudeva cruzó el río Yamunā. Al encontrarse al otro lado, se dirigió al hogar de Nanda Mahārāja en Gokula, donde vio que todos los pastores de vacas se encontraban profundamente dormidos. Aprovechando la oportunidad, Vasudeva entró silenciosamente en la casa de Yaśodā, y sin ninguna dificultad se llevó a la recién nacida, dejando a Kṛṣṇa en su lugar. Luego, después de haber entrado muy silenciosamente en la casa y haber cambiado al niño por la niña, Vasudeva regresó a la prisión de Kaṁsa y, también muy silenciosamente, depositó a la niña en el regazo de Devakī. Con gran cuidado, Vasudeva volvió a colocarse los grilletes, de manera que Kaṁsa no se enterase de todo lo que había ocurrido.


La madre Yaśodā se dio cuenta de que había dado a luz a una criatura, pero, fatigada por los esfuerzos del parto, se quedó profundamente dormida. Al despertar, Yaśodā no recordaba si había dado a luz a una niña o a un varón.


Así termina el significado de Bhaktivedanta, del capítulo tercero del libro Kṛṣṇa, titulado: «El nacimiento del Señor Kṛṣṇa».

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