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Text 10

adhanā api te dhanyāḥ
sādhavo gṛha-medhinaḥ
yad-gṛhā hy arha-varyāmbu-
tṛṇa-bhūmīśvarāvarāḥ

adhanāḥ—no muy rico; api—aunque; te—ellos; dhanyāḥ—gloriosos; sādhavaḥ—personas santas; gṛha-medhinaḥ—personas que están apegadas a la vida familiar; yat-gṛhāḥ—cuya casa; hi—ciertamente; arha-varya—los muy dignos de adoración; ambu—agua; tṛṇa—hierba; bhūmi—terreno; īśvara—el amo; avarāḥ—los sirvientes.

Una persona que no es muy rica y está apegada a la vida familiar se llena de gloria cuando recibe en su hogar la visita de personas santas. El amo y los sirvientes que agasajan a sus excelsos visitantes ofreciéndoles agua, un lugar en donde sentarse y una recepción adecuada se llenan de gloria, y el hogar en sí también se llena de gloria.

SIGNIFICADO: Desde el punto de vista material, un hombre que no es rico, no es glorioso, y desde el punto de vista espiritual, un hombre con demasiado apego a la vida familiar, tampoco es glorioso. Sin embargo, las personas santas siempre están dispuestas a visitar las casas de los hombres pobres y de los apegados a la vida familiar material. Cuando esto ocurre, el propietario de la casa y sus sirvientes se llenan de gloria, pues reciben a la persona santa ofreciéndole agua para lavarle los pies, un lugar donde sentarse y otros artículos adecuados para la ocasión. En conclusión, una persona santa que visita la casa de un hombre, aunque este sea alguien insignificante, con sus bendiciones hace que ese hombre se llene de gloria. Por esa razón, la costumbre védica dicta que los casados inviten a las personas santas a vivir en su hogar, a fin de recibir sus bendiciones. Esa costumbre continúa vigente en la India actual, de manera que las personas santas, allí donde vayan, son hospedados por los hombres de familia, los cuales, a su vez, tienen la oportunidad de recibir conocimiento trascendental. Por lo tanto, el sannyāsī tiene el deber de viajar por todas partes con la única finalidad de otorgar su favor a los casados, que por lo general ignoran los valores de la vida espiritual.

Se podría presentar el argumento de que no todos los casados son ricos, y que resulta imposible invitar a grandes personas santas y predicadores porque siempre viajan acompañados por sus discípulos. Un casado que desee invitar a una persona santa, también tiene que invitar a los que viajan con él. En los śāstras se dice que Durvāsā Muni siempre viajaba en compañía de sesenta mil discípulos, y que si se cometía la menor irregularidad en la recepción que se les ofrecía, se enfadaba tanto que, en ocasiones, llegaba a maldecir a su anfitrión. Lo cierto es que todo hombre casado, sea cual sea su posición y su situación económica, puede, como mínimo, recibir con gran devoción a las personas santas que le visiten, y ofrecerles agua para beber, pues un poco de agua no falta en ninguna parte. En la India existe la costumbre de ofrecer un vaso de agua a toda persona que nos visite de improviso, en caso de que no podamos ofrecerle algo de comer. Si no tenemos agua, podemos ofrecerle un asiento, aunque no sea más que una estera de paja. Y si ni siquiera eso tenemos, podemos limpiar el suelo rápidamente e invitar a nuestro huésped a que se siente. Suponiendo que un casado no pueda hacer ni siquiera esto, también puede recibir a su visitante juntando las manos y diciendo: «bienvenido». Y si no puede, debe sentirse muy triste por su pobreza, y con lágrimas en los ojos, simplemente debe ofrecer reverencias con toda su familia, su esposa y sus hijos. De esa forma puede satisfacer a cualquier visitante, aun si se trata de una persona santa o un rey.

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